Archivos de la categoría ‘“25 años con Mario”’

MARIO PARTY

Publicado: 02/02/2012 de Polar en "25 años con Mario", Casual Game, Nintendo 64

8/10 “Que tiemblen el Parchís y el Monopoly”

Si por algo se caracteriza nuestro amigo bigotón es por la cantidad de oficios que ha desempeñado en los periodos de tiempo que pasan entre rescate y rescate de la Princesa Peach: conductor de karts, tenista, árbitro de boxeo (Punch-Out!)…   Pero como todos, nuestro héroe es también humano y necesita sus descansos. Cuando Mario y sus amigos se retiran a descansar éste es su pasatiempo favorito: Mario Party.

La primera entrega de ésta larga y exitosa saga apareció en 1999 para la plataforma N64. Este título nos presentaba un sistema de juego basado en tableros, como si de un juego de mesa se tratase, en el que nuestro objetivo era tener mas estrellas que cualquier otro adversario para convertirnos en la Super Estrella. Para ello había que comprarlas en una casilla determinada del tablero elegido por 20 monedas, monedas que podían ganarse o perderse en las casillas del tablero y también en los diversos minijuegos. El planteamiento es sencillo: todos tiran su dado, se mueven y dependiendo de la casilla en la que paren desencadenarán diversos efectos, acabando así el turno. Cuando el turno termina se juega un minijuego aleatoriamente y se vuelve a repetir el proceso hasta que se acaben los turnos.
Las melodías son simples y muy diversas, tranquilas para los mapas y más rítmicas y dinámicas para los minijuegos. En esta ocasión, la reutilización de melodías de otros títulos es mínima, casi todas las piezas fueron de nueva composición y muchas de ellas solo aparecieron en este título. Todos los personajes tienen varios clips de sonido propios y únicos.A nivel gráfico el juego nos presentaba una pequeña mejora con respecto a Super Mario 64, con un mejor modelado de los personajes e imágenes 3D sobre fondos 2D muy coloridos y bien montados entre sí. Son reconocibles muchos de los personajes mas notorios de la saga, como los Boo, Koopa Troopas, Goombas y demás enemigos de Mario que aparecen en los distintos escenarios para proponer retos o dar pistas. También en todos los mapas habrá un Toad que nos venderá las estrellas, y Bowser que tratará por todos los medios fastidiarnos, comúnmente estafandonos al vendernos items que no funcionan.

La durabilidad del juego es muy elevada, si bien al conseguir 100 estrellas se puede acceder al mapa final para completar el juego, se puede seguir disfrutando de él durante mucho tiempo si se hace en compañía, ya que una partida casi nunca es igual que la anterior, gracias a la gran cantidad de eventos aleatorios que se pueden dar. Los casi 50 minijuegos de diferentes categorías (4 jugadores, 3vs1, 2vs2, 1 jugador) presentes en el título son de lo más variopinto: podemos echar una carrera de scalextric en un turno, para estar haciendo skateboard sobre un río de lava en el siguiente o jugando a las tragaperras. Todo sea por las monedas.

Así que, todo lo que queda por decir es: ¡Elige a tu representante en la Aldea Champiñón (Mario, Luigi, Peach, Yoshi, Wario o DK) y adéntrate en una trepidante aventura con (o contra, mas bien) tus amigos para determinar quien es la Super Estrella!
PD: La tonalidad festiva del videojuego de hoy ha sido seleccionada especialmente por mí para celebrar el 24 cumpleaños de nuestro compañero Rubén. ¡Desde aquí me gustaría mandarle en nombre de todos un gran abrazo videojugabilístico!
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SUPER MARIO 64

Publicado: 02/11/2011 de Polar en "25 años con Mario", Nintendo 64, Plataformas

10/10 “Una aventura de mucho más de 5 estrellas”

Y es que la primera incursión de nuestro querido fontanero en las 3D solo puede catalogarse como sublime, una obra maestra del género plataformero que fue puesta a la venta en el año 1996 en Japón como uno de los títulos que acompañaron el lanzamiento de la Nintendo 64, aunque no llego a nuestros estantes hasta Marzo del año siguiente. El juego se desarrolló en apenas dos años, pero Shigeru Miyamoto ya había pensado en un juego en 3D cinco años antes, y se pensó el lanzarlo en la SNES mediante la utilización del chip Súper FX, pero las limitaciones de este sistema lo impidieron. Sin embargo, Miyamoto continuó desarrollando los conceptos del juego y nunca deshechó la idea.

Como pasó en su momento con Super Mario Bros y las 2D, Super Mario 64 supuso un gran impacto para los juegos de plataformas en 3D, fue una auténtica revolución que influenció lanzamientos posteriores durante años y aún hoy se le considera uno de los títulos pioneros de los entornos 3D en general.

El argumento, como en la mayoría de los juegos de Mario, es muy sencillo. Mario recibe una carta de la Princesa Peach en la que invita a Mario a su castillo a tomar tarta. Cuando Mario llega, los Toad sirvientes de la princesa le cuentan que Bowser ha invadido el castillo y encerrado a la Princesa y a los demás sirvientes dentro de él usando el poder de las estrellas del castillo. Muchas de las pinturas del castillo son portales hacia otros niveles, en los que los secuaces de Bowser custodian las estrellas. Mario debe buscar los portales y entrar a ellos para recuperarlas.

A pesar de tratar de mantener los elementos característicos de la saga, el paso de las 2D a las 3D provocó una serie de cambios en la forma de avanzar por el juego, transformando los clásicos niveles en los que el objetivo era avanzar hasta llegar a la meta, en vastos entornos tridimensionales en los que debíamos encontrar estrellas (120 en total, repartidas a razón de 7 en cada uno de los 15 niveles, y 15 escondidas en el mapa principal desde el que accedes a dichos niveles y que sirve también para practicar los controles) realizando múltiples y variadas misiones, que podían incluir la derrota de algún enemigo poderoso, coleccionar una cantidad de monedas, resolver puzzles, competir en una prueba de velocidad, o incluso ¡rescatar a un

pingüino!, enfatizando como nunca antes el componente de exploración, obligándonos en ocasiones a barrer hasta el último rincón de un nivel en busca de esa escurridiza estrella que nos falta, por lo que la duración del juego era bastante elevada si buscábamos completarlo al 100% (solo 70 estrellas eran necesarias para llegar a la batalla final.)

La curva de dificultad estaba perfectamente ajustada, haciendo que obtener las primeras estrellas fuera poco mas que un tutorial para acostumbrarnos a los nuevos controles, pero llegar a conseguirlas todas se convirtiera en un auténtico reto para los más expertos, una característica propia de los juegos de Mario (un jugador principiante puede completar la historia, pero solo un jugón experimentado puede afrontar todos los desafíos posteriores). Se añadió también un nuevo sistema de energía/aire y nuevas habilidades ofensivas para Mario, además del clásico salto, para hacer la aventura mas variada y sencilla. Los clásicos power-ups también fueron sustituidos, en este caso por gorras, que otorgaban a Mario invencibilidad, invisibilidad, o la capacidad de volar durante un tiempo limitado, imprescindibles en ocasiones para recoger alguna estrella en concreto o acceder a ciertas zonas. Además, recuperar energía era tan simple como recoger algunas monedas, y encontrar vidas extra no era excesivamente difícil.

Los gráficos eran un perfecto ejemplo de la potencia de los 64 bits: entornos en 3D poligonales, muy grandes, complejos y coloridos, un diseño cuidado de los personajes, muchos elementos con los que interactuar… todo era único, fácilmente reconocible, y con esa gracia especial que solo se puede encontrar en un título de Mario. El sistema de cámaras, uno de los elementos del juego que más tardaron en implementarse debido a su complejidad, nos permite cambiar entre una distancia media o cercana a Mario en algunas zonas, mientras que en otras presenta un plano fijo, sobre todo en aquellas zonas en las que se da mas prioridad a avanzar por el nivel que a la exploración (enfrentamientos con Bowser).

La música estaba compuesta por el mítico Koji Kondo, responsable de casi la mayoría de las melodías incluídas en la saga de Mario, utilizando material nuevo casi en su totalidad, y algunas melodías de juegos anteriores reeditadas. También se incluían muchos sonidos para los enemigos, como gruñidos o risas, y fue uno de los primeros juegos en incluir actores de voz para Mario, Peach y Bowser (Charles Martinet, Leslie Swan, Issac Marshall). Todos estos elementos componían un apartado sonoro divertido y desenfadado, que nos hacía recordar fácilmente las alegres melodías, y nos arrancaba una sonrisa con la graciosa voz de Mario.

Todos estos elementos unidos conformaron uno de esos títulos que nunca te cansas de volver a jugar, un objeto de coleccionista imprescindible en la memoria de cualquier jugador, un hito en la historia de los videojuegos, con más de 11 millones de copias vendidas que avalan su indiscutible calidad. Si tuviste la suerte de poder poner tus manos en él, enhorabuena, sino te recomiendo fervientemente que te hagas con él.

7/10
“Mario y compañía se sacan el carné de conducir”
Comenzamos la semana de la velocidad con uno de los juegos más conocidos de este género. El lanzamiento de Super Mario Kart fue recibido con gran entusiasmo por los fans del fontanero, y el cambio de aires le sentó de maravilla al archiconocido rey de las plataformas. El juego vió la luz por primera vez en tierras niponas el 27 de agosto de 1992 y en territorio americano días despues, el 1 de septiembre. Como de costumbre, en Europa deberíamos esperar unos meses mas, concretamente hasta el 21 de enero de 1993 para poder disfrutarlo.

En esta aventura, Mario, Luigi, sus amigos y algunos enemigos se montan en sus karts para “olvidar” sus diferencias y divertirse corriendo a toda velocidad. Ser el más rápido es primordial, pero este juego ofrecía un enfoque diferente, puesto que los circuitos estaban llenos de ítems y trampas ocultas para entorpecer a los demás corredores. Así, en determinadas ocasiones nos encontraremos sorteando rocas picudas que caen del techo, conduciendo entre plantas carnívoras, o chocándonos con una tubería que esta puesta en medio de la pista.

Los gráficos eran de lo mejor que existía en ese momento en la SNES, con un diseño bien logrado de los personajes y elementos en los circuitos, y una revolución en los fondos de los escenarios que conseguía un efecto 3D gracias al sistema de procesamiento gráfico Mode 7. Los circuitos en sí no carecían de detalles, pero tampoco estaban demasiado recargados y contaban con el colorido característico de los juegos de Mario.

El sonido cumplía con su cometido bastante bien, cada tipo de circuito (Mario, Castillo de Bowser, Casa Encantada…) tenía su tema único además de un tema de victoria personalizado para cada personaje. Los efectos de sonido no eran muy variados, existiendo solo el ruido del motor, la frenada, el salto y un par de efectos distintos para los golpes y caídas, pero todos eran perfectamente reconocibles.
El juego podía ser disfrutado durante muchas horas. 20 eran los circuitos existentes, divididos entre 4 copas. Existían 3 modos de dificultad, clasificados por cilindrada: 50, 100 y 150cc. En cada modo la velocidad de los karts aumentaba, y por si eso fuera poco los contrincantes eran mucho más difíciles de vencer. En el modo de 50 cc solo se podía competir en las primeras tres copas, mientras que en los otros dos modos, la última copa debía ser desbloqueada previamente completando las 3 copas anteriores en la misma modalidad. Existían ademas, otros modos de juego, como el Time Trial, para hacer contrarrelojes sin items ni oponentes, el modo Grand Prix para 2 jugadores, en el que combatirás contra un amigo y 6 CPU para ver quien se hace con la copa, el modo Match, una carrera única para 2 jugadores sin más oponentes con obstáculos añadidos, y el modo Batalla también para 2 jugadores, que nos dará a elegir entre 4 escenarios de batalla llenos de ítems que debemos recoger para golpear 3 veces a nuestro contrincante y derrotarlo.

Sin embargo, este juego tenía un importante punto negativo: su jugabilidad. Y es que, aunque el juego ofrecía una experiencia muy gratificante, en ocasiones podía ser muy frustrante debido a la IA de los oponentes y la poca variedad de elementos aleatorios que ocurrían, haciendo las carreras repetitivas y tediosas. El juego nos presentaba un plantel de 8 personajes, pues bien, la elección de nuestro personaje condicionaba también cuáles iban a ser nuestros oponentes más cercanos en los primeros puestos. Así, por ejemplo, al seleccionar a Toad, nuestros enemigos en las posiciones 2,3 y 4 serían Peach, Donkey Kong Jr. y Mario respectivamente, en el 100% de las ocasiones sin apenas posibilidad de cambio. Para utilizar un ítem, nuestro personaje debía recogerlo previamente de paneles amarillos con el símbolo “?” diseminados por el circuito. A menudo sólo era posible encontrar un ítem por vuelta. Pues bien, los enemigos, a partir de la 2ª vuelta poseían un ataque especial propio que podían utilizar indiscriminadamente una y otra vez, lo cuál y sumado a lo anterior, dificultaba mucho el juego con según que personajes. Nuestra velocidad aumentaba al tener más de 10 monedas, monedas que encontrabamos por el suelo y que perdiamos con choques y caídas, pero la velocidad de los contrincantes era siempre máxima. Por último, los enemigos seguían siempre el mismo trazado del circuito, por lo que acertarles con un ítem era una tarea difícil, y si acertabas con el lugar justo, en ocasiones simplemente lo saltaban (maniobra que tu no puedes realizar en ningún momento sin el ítem pluma).
Dejando a un lado este apartado, y aprendiendo a aprovechar los puntos fuertes de cada personaje, este juego es un imprescindible para cualquier fan de la velocidad y de Mario, sobre todo para disfrutarlo en compañía.
Aquí os dejo un vídeo con el primer circuito:

10/10
“El nacimiento de una estrella… y una flor y un champiñón”

Para realizar mi primera crítica en este blog, era preciso escoger un
juego realmente importante para mí, uno que marcó (y sigue marcando) mi vida de una forma que ningún otro ha conseguido superar.

Y lo cierto es que ningún momento es mejor que éste, puesto que este mes cumplió 25 años de su salida en Japón. Y es que el 13 de Septiembre de 1985 vió la luz el que sería el mayor éxito de ventas del mundo: Super Mario Bros, que alzaría la consola NES por encima de todas sus competidoras de la época. El juego nos presentaba al joven fontanero Mario, el cuál debía salvar al Reino Champiñón de la amenaza de los terribles Koopa, expertos en magia negra que habían convertido todo el reino y sus habitantes en ladrillos y bloques. La única con el poder para salvarlos era la princesa Peach Toadstool, que había sido secuestrada por Bowser, Rey de los Koopa. Tras este planteamiento se nos presentaba el primer juego de plataformas de desplazamiento lateral de todos los tiempos, que se convirtió en un mito.

Y es que el juego contaba con todo lo que se podía esperar en la época, una música pegadiza a la par que simple (el juego apenas contaba con 7 u 8 melodías distintas), que ha quedado grabada en la mente de los fans, y que aún en los juegos más recientes se sigue editando y reutilizando sin que llegue a cansar jamás.

Los gráficos eran excelentes para la época, muy coloridos y singulares con un buen repertorio de elementos y personajes que contaban todos con alguna peculiaridad que los diferenciaba del resto.

El apartado jugable nos presentaba una acción rápida y una curva de dificultad casi perfecta, siendo los primeros niveles casi como un tutorial por su sencillez pero llegando a suponer un verdadero reto el llegar al final del juego, y es que caer al vacío o que los enemigos le tocaran una sola vez provocaba la pérdida de una de las vidas de Mario.

Diversos objetos le otorgaban a Mario nuevos poderes, como el de hacerse más grande y resistir un golpe más (Champiñón–>Super Mario) la habilidad de disparar bolas de fuego (Flor de Fuego–>Fire Mario) o invencibilidad temporal (Starman–>Star Mario) que hacían la aventura algo más fácil.

La duración del juego era muy buena, con 32 niveles diferentes a superar, para desbloquear luego un modo difícil que, si bien no cambiaba en absoluto la estructura de los niveles, si cambiaba los enemigos que nos encontrábamos por otros más fuertes doblando así relativamente la cantidad de niveles a superar a 64, una cifra soberbia.

El juego contaba con un modo para dos jugadores no simultáneo (Mario para el jugador 1, Luigi para el jugador 2) en el que ambos jugadores recorrían las fases por separado. Si uno de ellos perdía una vida era el turno de que el otro continuase desde lo dejó.

Todos estos aspectos conformaron un juego casi perfecto, cuyo único fallo era la imposibilidad de guardar la partida, lo cuál obligaba al frustrado jugador que muriese a reempezar todo el juego pues, si bien un conocido truco te permitía continuar desde el mundo en el que perdiste tu última vida, solo servía mientras la consola estaba encendida. Dejando aparte deste pequeño detalle, este juego es una obra maestra que debe estar en la memoria de todo aquel jugador que se precie, y con esto le brindo a este personaje que tanto ha significado en mi vida este sincero homenaje.